El día arrancó temprano y turbulento para el secretario gremial del sindicato de Vialidad provincial, Rubén Segli. Alrededor de las 3 de la madrugada lo despertó el estruendo de disparos de armas de fuego que impactaban contra su casa, en el barrio Vial. Sobresaltado, salió a la calle para ver qué pasaba; pero sólo encontró el rechinar de un auto que se alejaba y un sobre que contenía dos proyectiles y un escrito amenazante.

"Las balas que dejaron son de calibre 45, y en la nota me advierten que mis hijas corren peligro. No estaba escrita a mano, sino por computadora: la firma sólo decía ?El Loco?", contó.

Pero Segli no se mostró sorprendido por el atentado. Según recordó, ya había sido víctima de un hecho similar. "Esta es segunda vez que me pasa; el 5 de febrero me tiraron gas pimienta en los ojos. Hice la denuncia. En este caso, es un modus operandi similar", indicó.

El dirigente vinculó el incidente a la interna gremial, y sugirió que detrás de este se encuentran autoridades de la Dirección Provincial de Vialidad. "No les gusta que defendamos al obrero vial y, sobre todo, que denunciemos algunas cosas", puntualizó.

En esta línea, Segli manifestó que viales cercanos a su grupo sufren acosos. "Trasladaron a cinco obreros; entre ellos, al hijo del secretario general (Manuel) Palavecino. Sólo porque conversan con nosotros, o porque tienen ideas similares a las nuestras. Es una dictadura", acusó.

"Ojo por ojo..."
Segli no tomó una actitud pasiva frente a las amenazas. Por el contrario, aprovechó la charla con LA GACETA para lanzar una advertencia: "esto será ?ojo por ojo, diente por diente?. No es una amenaza; pero durante tres años vengo sufriendo diversos ataques físicos y verbales. Si me siguen hinchando (sic), tendré que hacer lo mismo, a ver si se la aguantan. Entonces veremos qué tal les va".